La Ciencia Ficción “Poética”.

Entre las apresuradas compras y búsqueda de libros sobre diseño y dibujo (que no eran para mí), al final, en el primer pasillo de la feria del libro, me encontré una joya escondida. Bueno, ni tan escondida, puesto que estaba sobre un bulto de libros que eran cincuenta ejemplares más el mismo, pero sí una joya.  Una hermosa Joya de la ciencia ficción “poética”. La guía del viajero intergaláctico (sí, sé que se se llama en realidad autoestopista, pero venga que aunque soy un pibe todo guapo y todo guay que mola bastante, no me termina de gustar como suena). Pero ahí estaban, La guía, El restaurante al final del universo y La vida, el universo y todo lo demás, en una edición de un solo tomo.  Los tres libros de Douglas Adams, de su famosa trilogía de cinco libros.

Y sí, es una trilogía de cinco libros. Búsquenla, se las recomiendo.

Esta joya, creo que incluía un extra escrito por el autor, como esas típicas cartas a editores o amigos, anotaciones y esas cosas por las que gritamos como niña de quince años en concierto. Pero en fin, el punto es que me hizo pensar en eso, que le empecé explicar a mi acompañante por quien buscábamos cosas de diseño.

—Para entender a Douglas Adams, no tienes que verlo como ciencia ficción. Su género no puede ser calificado como ciencia ficción dura o suave —Le decía mientras caminábamos para ver si encontrábamos un libro/kit para hacer sushi.

Y aquí haré una pausa. Primero, si llegaron a mi blog por su nombre, estarán familiarizados con los términos de CF blanda (o suave) y CF dura. Resumidos de un modo simple y con buenos ejemplos, la ciencia ficción dura, sería como ver 2001: Odisea en el espacio, Interestellar, Blade Runner, etc… Lo importante, es que la historia sea factible. Tener bases científicas y no apartarse mucho de ellas. Algunas exploran teorías o dan por hecho lo que podríamos hacer con alguna tecnología. Sin embargo, sigue siendo comprobable y teóricamente posible.

En cambio, la ciencia ficción suave o blanda, es aquella que se vale de principios científicos, mas no repara en explicarlo todo. Un claro ejemplo, sería la película de Valerian y la ciudad de los mil planetas. Donde sí, todo empieza con la exploración humana hacia el espacio y conectándonos con vida fuera de este mundo. Una hermosa secuencia donde explican que ya es tan grande la estación, que afecta la gravedad en la tierra. Precioso. Pero seres telepáticos, piedras con energía infinita y más, son lo que la hacen caer en éste género. Así como John Carter entre otros.

Como caso especial, podríamos mencionar a Star Treak (que patina felizmente entre los dos géneros), y Star Wars, que aunque tiene toques de ciencia ficción, es más una fantasía.

Terminada esta explicación, vuelvo a decir, Douglas Adams no entra en esos dos. él tiene su propia división de la ciencia ficción y es la ciencia ficción poética.

Al igual que Doctor Who, que tiene una gran relación con D. Adams, puesto que escribió para la serie y sus libros originalmente eran historias para la serie británica. En este caso, el autor toma el principio científico, como la filosofía toma a las matemáticas.

Y es que Duglas Adams, toma el principio científico y lo golpea con la semiótica. De un modo similar como Bradbury no nos pregunta si era posible su tecnología, sino qué haríamos con ella. Adams toma la filosofía con la que funciona la ciencia y nos hace cuestionarnos la existencia. Su realidad no funciona con base al principio científico, sino a la interpretación de su enunciado de postulación.

El mejor ejemplo, es el motor de improbabilidad infinita, del cuál, aquí un fragmento del libro.

El Motor de Improbabilidad Infinita es un método nuevo y fantástico para recorrer grandes distancias interestelares en segundos, sin tener que ir a tontas y a locas por el hiperespacio. En cuanto el motor de improbabilidad infinita alcanza la improbabilidad infinita, pasa por todos los puntos posibles de todos los universos posibles de forma casi simultánea. En otras palabras, nunca sabes dónde vas a ir a parar, ni siquiera qué especie serás cuando llegues, por tanto es importante ir bien vestido. El motor de improbabilidad infinita se inventó a partir de estudios sobre la improbabilidad finita, que se empleaba para romper el hielo en las fiestas, haciendo que las moléculas de la ropa interior de la anfitriona saltasen treinta centímetros a la izquierda, de acuerdo con la teoría de la indeterminación. Muchos físicos respetables mostraron su desaprobación, en parte porque constituía una degradación científica, pero principalmente porque no los invitaban a esa clase de fiestas.

El modo de viaje warp es el más probable a existir que el viaje a la velocidad de la luz, sin embargo, tomar un principio científico como la improbabilidad… esto se convierte en físicamente imposible, pero filosóficamente correcto. Activar su motor desataría una cantidad de alternativas improbables infinitas que, al no estar en todos los lugares posibles, aparecemos en todos y solo nos toca seleccionar dónde queremos terminar.

Lo más gracioso (y spoiler alert), es un curioso efecto secundario, que las cosas más improbables terminan siendo atraídas por los viajeros de dicha nave quienes sufren una gran cantidad de desventuras, pero muy explicable, gracias a la improbabilidad.

Pero volvamos a la parte “poética”, que para entender mejor la ciencia ficción poética, les propongo un ejercicio.

Paso 1: Primero hay que elegir una teoría o principio científico, como la incertidumbre de Heisenberg en 1925.

El principio de incertidumbre, nos dice que es imposible saber con exactitud, la posición y la velocidad de una partícula. Cuanto mayor sea la precisión con que determinamos la posición, menor será la de su velocidad. Pues al querer realizar la medida y ver dónde se encuentra el electrón, se necesita un fotón (partícula de luz), la cuál al chocar (el fotón) con el electrón, cambia su velocidad y posición. Como hecho secundario al principio de indeterminación o incertidumbre, entendemos que le hecho observar un suceso, este se modifica por el puro hecho de verlo.

Paso 2: Toma el significado, compréndelo, sácale de su contexto y vuelve a leerlo.

Paso 3: Considera todas las posibilidades de su significado y plantea un uso en la vida cotidiana (cuánto mayor sea la precisión… modificamos lo que vemos… ¿si no observamos qué sucede?).

Paso 4: Pule la idea con estética y preséntala de forma literaria (o en la forma artística que a usted le plazca).

Y así tenemos los lentes de la futura certeza, que se crearon para tomar decisiones difíciles en menor tiempo. Que funcionan mirando a todos los puntos posibles al momento que un evento sucede (incluyendo el no ver el evento, verlo con la mente, verlo con el corazón y otros métodos espirituales), y determina la mejor manera de actuar ante el evento observado. Lamentablemente, solo se hizo un prototipo que por miedo nunca se ha vuelto a usar. El portador lo probó con su esposa justo antes de una discusión y terminó en estado vegetal. No se sabe si no funcionaron y le atrofiaron el cerebro, si fueron tantas las posibilidades que no pudo con ello… o el estado vegetal era la mejor opción ante esa discusión.

 

Espero y este término sea más valorado y usado, ya que gracias a él, podríamos entender mejor comedias como Doctor Who y Rick And Morty, donde una y otra vez, vemos que lo importante no es su apego científico, sino el cuestionamiento filosófico de su enunciado.

Mientras, continuaré mi llanto por no tener el dinero suficiente para haber comprado ese tomo.

 

Probabilidades largas y prósperas.

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