¿En verdad una imagen vale más que mil palabras?

 

Una imagen vale más que mil palabras. Siempre hemos escuchado esa frase en muchos lugares, muchas veces y por muchos tipos de personas. Si me dieran un dolar por cada vez que la escucho, ya me hubiera comprado algo muy bonito (y caro).

¿Pero en verdad es cierta la frase?  Sí y no y en números una palabra puede salir ganando. Pero no es el punto resolverlo tan rápido y es mejor que lo comprendamos.

Imaginen un periódico hace mucho años. Solo letras y letras. Ya eran posibles imágenes pero de manera muy complicada, y no una “fotografía” tal cual. Fue hasta 1880 cuando boom! Una imagen en el periódico (aunque la fotografía llevaba tiempo, tardó mucho en entrar a la imprenta como tal). El punto es que no solo había columnas, no solo palabras, no letras; había una imagen!  La fotografía era increible; retrataba a la gente como era, sin mentiras. Un pintor podía hacerte un poco más delgado, más guapo o menos feo, pero la fotografía no. Lo sé, esto no cuenta actualmente… Pero me estoy desviando del tema.
Lo que pasaba es que no importa cuantas palabras le dijeras al lector, él estaba viendo la imagen, con sus ojos y no sus imaginación.

Sí, tal vez alguien al leer esto, esté pensando: “pero no aplica solo a las fotografías, también en el dibujo bla bla bla”. Lo sé, viví eso, pero creo que en una fotografía se aplica casi completamente esta situación de “una imagen, mil palabras”.

Lo bello de la imagen (dibujo, pintura, fotografía), es que al ser observada, es descrita de una manera única por cada persona y puede ser algo completamente distinto para cada quien. Un valle puede ser paz o soledad, pero es la misma imagen.

Pero por ahí va la situación.

Como se imaginan, o tal vez no, pero ahora sabrán;  a un servidor le fascina escribir. ¡Me encanta! Incluso tengo algunos logros que luego compartiré. Pero es hora de hacerle un poco de justicia a la literatura en contra de esa frase.

Escribir es un oficio, modo de vida, talento o como gusten llamarle, que es muy poco presuntuoso.
En el kinder todos somos iguales, todos dibujamos bien feo (aunque nunca falta una excepción). Después pasamos a la primaria, y siempre va a haber un niño o niña que dibuja mejor que todos; sus mapas, sus animales o lo que le pidan, y uno esconde sus dibujos por vergüenza. Desde aquí entendimos que no, dibujar nosotros no. Pero… ¿quién piensa en escribir a esta edad? (me siento feliz que yo lo pensé).

La secundaria (que en mi país es de 12-13 a 15-16 años) fue donde podría decir que “comencé” a escribir.  Te encuentras al maestro correcto, un libro, las emociones de la pubertad y nada para desde ahí. Pero también te topas con el niño que se la pasa todo el día dibujando (y que lo hace muy bien)
Casi al final está la preparatoria (high-school). Y ahora no es uno, sino varias personas con sus tablas de dibujo y lápices especiales y plumas y colores y todos dibujan hermoso. Ok, dibujar es una fiesta a la que no me invitaron. ¿Entonces, qué hago?

A los 12 años fue la primera vez que escribí. También todos los del salón, era un ejercicio, pero para mí esa vez fue muy especial. En la secundaria continué escribiendo algunas típicas cosas de la pubertad, pero después lo quise dejar (para intentar dibujar). Todos dibujaban y aquí es donde digo que escribir no es presuntuoso. Sacaban su tabla de dibujo, sacaban su lápiz especial, algunos con reglas, otros sin, otros con plumones y tantas cosas que llamaban la atención y todos volteaban y ¡guau! ¡Qué bonito dibujas! ¿Y qué? Uno se pone a escribir y voltean a verte y dicen: “mira un sujeto haciendo tarea”. Escribir lo puedes hacer en la mente, después lo pasas al papel, pero puedes guardarlo un tiempo ahí. ¡Y dibujar no! Dibujar tienes que hacer todo ese espectáculo, toda esa técnica, toda esa danza con las manos… ¡Aunque sea en la esquina de una libreta!

Pero dejándonos de cosas personales, Un día en clase entendí la diferencia.
Si estudian comunicación o visuales, estarán hasta hartos del significante y el significado. Para quien no, se puede resumir como la palabra y la idea respectivamente.

Si yo digo “perro”, todos leemos “perro”, pero no todos imaginamos al mismo perro. Incluso, si imagináramos al mismo perro, sería de manera diferente. Y ahí está la diferencia. Una palabra, cientos de ideas, un significante, cientos de significados.  (Muestra de eso, son los micro-cuentos, pero ya hablaremos de ellos en otra ocasión).

Como siempre, cuando me veían escribir, nunca faltaba quién me dijera: “Una imagen vale más que mil palabras”. Después de ese día comencé a responder: “Sí, pero con una palabra, puedo hacer más de una imagen por cada persona que hay en el mundo. Has tú las cuentas”.

En esa clase de español aprendí una lección que hasta el día de hoy sigo aplicando. Ahí entendí la fuerza de la poesía y nunca dejé de escribir, aunque sea algo solitario, silencioso y nada presuntuoso.

También entiendo cuando una imagen te deja sin palabras y esas otras bellas cosas, pero eso sería otro tema. Espero hayan disfrutado esto conmigo.  No sé si pensaban lo mismo o algo muy diferente. Y si alguien tiene alguna opinión, me encantaría saberla (no importa si dibujan, escriben, cantan, bailan, etc.).

Creatividad larga y próspera para ustedes.